
Mantener una publicación sobre cultura, arte, periodismo, o de cualquier otro género específico ajenos a los temas “del corazón”, o “de frivolidades”, es complicado. Casi que demasiado complicado. Motivo por el cual, a lo largo de la trágica década de 1990, y luego de la crisis del 2001, muchas publicaciones de éste estilo, se cancelaron, quedaron en la nada o directamente pasaron a mejor vida; situación similar a la vivida por todos aquellos que siempre intentan generar espacios más allá de los circuitos tradicionales de transmisión cultural (por no llamarlo el circuito oficial).
En la última década (2000-2010), la cultura parece haber pasado, si no a un segundo, tal vez a un tercer o cuarto plano en el interés general. La pauperización de los contenidos y los formatos televisivos, así como, otra vez, el circuito oficial, han servido para masificar un estilo, una forma, de hacer y crear hechos culturales que, de una forma u otra, quedan vacíos de contenidos. Se transforman en una pose, en un decir ser sin ser.
La televisión y la repetición constante de los mismos guiones en todas las series de “ficción” de una misma productora, es un claro ejemplo. Pero también lo son los concursos literarios “serios” en los que se sabe de antemano que serán “ganados” por alguien que ya tiene su reconocimiento, y aún esos concursos creados para buscar nuevos talentos literarios son acaparados por gente con quince, veinte o treinta años de trayectoria.
Quedan pocos espacios, muy pocos, para los que no llegaron a darse a conocer. Y son siempre los mismos los que ocupan las portadas de los suplementos culturales.
Y la cultura no es un suplemento, pero esa es otra cuestión.
Por todo lo anterior, es interesante ver que en los últimos meses del 2010 han visto a la luz varias publicaciones (sin desmerecer en lo absoluto a aquellas que han sabido superar la crisis de valores de los últimos años) que amplían las posibilidades y los espacios para los autores.
En el caso de La Balandra, una revista libro de 84 páginas, sin ninguna publicidad distractora en ninguna de ellas (ni siquiera en las portadillas), propuesta como publicación trimestral, parece ser un proyecto al que sus participantes le han dedicado mucho esfuerzo, tanto en la diagramación y el diseño como en los contenidos y las notas. No es un trabajo de principiantes y hasta los detalles más pequeños, los separadores, las portadas de las secciones, las pocas imágenes utilizadas, están bien pensadas y colocadas en el lugar adecuado; diferenciándose de la estética actual de las revistas que priorizan la imagen descontextualizada al texto que la sustenta (como suele hacer el periodismo). Si en una nota encontramos una imagen, esta tiene un sentido práctico y nos es útil para comprender el texto, ya sean fotos de los autores o las portadas de los libros.
Los contenidos, como bien señala en el subtítulo de la revista, Otra Narrativa, refieren a la literatura en sus múltiples aspectos, desde la creación, corrección, publicación, vida y muerte de una obra, y sus autores. En cada caso la literatura no es tratada simplemente como un objeto de estudio científico del que se debe hablar con lenguaje incomprensible para la mayoría; al contrario, todo lo que se dice se entiende a la primera lectura.
Aspectos para señalar de éste número son que, a pesar de usar el formato de dossier, la nota principal apenas ocupa ocho páginas, sin ningún debate, sino con opiniones de algunos autores; una reseña interesante sobre literatura eslovena (prácticamente desconocida en el país); y el espacio en blanco, mucho, en todas las páginas, envolviendo el texto, separándolo de los márgenes, dejando lugar para las notas, las llamadas de atención o los cuestionamientos que los lectores quieran hacerle al texto, algo que desapareció del resto de las publicaciones (libros y revistas), cuando la cultura pasó a denominarse industria editorial y debía, por todos los medios posibles, ahorrar costos, en éste caso papel, y el texto se acercó cada vez más a los bordes de las páginas.
La última cuestión que resta por preguntarse es si esa otra narrativa a la que se hace referencia, no sólo en la portada sino también en el interior de la revista, está representada por los autores reseñados en éste primer número o si en los siguientes se le dará espacio a autores no consagrados, noveles o que transiten la narrativa desde alguno de los géneros que la literatura argentina, luego de las muertes de Borges y Cortázar, ha ido dejando de lado para centrarse es una única forma de contar una historia.
En la última década (2000-2010), la cultura parece haber pasado, si no a un segundo, tal vez a un tercer o cuarto plano en el interés general. La pauperización de los contenidos y los formatos televisivos, así como, otra vez, el circuito oficial, han servido para masificar un estilo, una forma, de hacer y crear hechos culturales que, de una forma u otra, quedan vacíos de contenidos. Se transforman en una pose, en un decir ser sin ser.
La televisión y la repetición constante de los mismos guiones en todas las series de “ficción” de una misma productora, es un claro ejemplo. Pero también lo son los concursos literarios “serios” en los que se sabe de antemano que serán “ganados” por alguien que ya tiene su reconocimiento, y aún esos concursos creados para buscar nuevos talentos literarios son acaparados por gente con quince, veinte o treinta años de trayectoria.
Quedan pocos espacios, muy pocos, para los que no llegaron a darse a conocer. Y son siempre los mismos los que ocupan las portadas de los suplementos culturales.
Y la cultura no es un suplemento, pero esa es otra cuestión.
Por todo lo anterior, es interesante ver que en los últimos meses del 2010 han visto a la luz varias publicaciones (sin desmerecer en lo absoluto a aquellas que han sabido superar la crisis de valores de los últimos años) que amplían las posibilidades y los espacios para los autores.
En el caso de La Balandra, una revista libro de 84 páginas, sin ninguna publicidad distractora en ninguna de ellas (ni siquiera en las portadillas), propuesta como publicación trimestral, parece ser un proyecto al que sus participantes le han dedicado mucho esfuerzo, tanto en la diagramación y el diseño como en los contenidos y las notas. No es un trabajo de principiantes y hasta los detalles más pequeños, los separadores, las portadas de las secciones, las pocas imágenes utilizadas, están bien pensadas y colocadas en el lugar adecuado; diferenciándose de la estética actual de las revistas que priorizan la imagen descontextualizada al texto que la sustenta (como suele hacer el periodismo). Si en una nota encontramos una imagen, esta tiene un sentido práctico y nos es útil para comprender el texto, ya sean fotos de los autores o las portadas de los libros.
Los contenidos, como bien señala en el subtítulo de la revista, Otra Narrativa, refieren a la literatura en sus múltiples aspectos, desde la creación, corrección, publicación, vida y muerte de una obra, y sus autores. En cada caso la literatura no es tratada simplemente como un objeto de estudio científico del que se debe hablar con lenguaje incomprensible para la mayoría; al contrario, todo lo que se dice se entiende a la primera lectura.
Aspectos para señalar de éste número son que, a pesar de usar el formato de dossier, la nota principal apenas ocupa ocho páginas, sin ningún debate, sino con opiniones de algunos autores; una reseña interesante sobre literatura eslovena (prácticamente desconocida en el país); y el espacio en blanco, mucho, en todas las páginas, envolviendo el texto, separándolo de los márgenes, dejando lugar para las notas, las llamadas de atención o los cuestionamientos que los lectores quieran hacerle al texto, algo que desapareció del resto de las publicaciones (libros y revistas), cuando la cultura pasó a denominarse industria editorial y debía, por todos los medios posibles, ahorrar costos, en éste caso papel, y el texto se acercó cada vez más a los bordes de las páginas.
La última cuestión que resta por preguntarse es si esa otra narrativa a la que se hace referencia, no sólo en la portada sino también en el interior de la revista, está representada por los autores reseñados en éste primer número o si en los siguientes se le dará espacio a autores no consagrados, noveles o que transiten la narrativa desde alguno de los géneros que la literatura argentina, luego de las muertes de Borges y Cortázar, ha ido dejando de lado para centrarse es una única forma de contar una historia.

1 comentarios:
Yo tengo el número 2, lo estoy leyendo ahora (y con ahora me refiero a "en estos días", porque ahora estoy leyendo tu blog jaja).
Tiene cuentos de autores de aca y de autores extranjeros... parece un espacio interesante. Está bueno apoyar estas iniciativas. Voy a ver si consigo el numero 1.
Saludos
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