Comentarios de esos libros raros, y no tanto, de mi biblioteca, acumulados durante años y años de errar por el submundo de las librerías.

Algunas pocas críticas de algunos libros. ¡Y ahora también revistas!

Todos los textos son mi autoría.

sábado 3 de diciembre de 2011

Aguas Salobres, de Mario Levrero



Es difícil comentar un libro de un autor al que hemos seguido durante años y que, sabemos, todo lo que escribe es de nuestro interés (o una gran parte de ello, porque siempre habrá algo que no nos resulte satisfactorio), más allá de que Levrero haya muerto en el 2004 y que su pluma ya no produzca, queda aún mucho material que no es conocido en la medida en que merece serlo. Tal vez por haber vivido en un país periférico (¿con respecto a quién o qué? ¿quién lo establece así?) del sur del mundo, tal vez porque su narrativa es tan extraña que le escapa a los límites específicos de la ciencia ficción, la fantasía y esa cosa que algunos críticos denominan realismo mágico.
Porque la obra de Levrero tiene su propio calificativo: levreriana.
Y son pocos los autores que generan una obra capaz de marcar a sus coetáneos o a los que comenzaron a escribir después. No viene al caso hacer una lista de estos autores porque sería inconclusa, incompleta, subjetiva y demasiado al estilo del canon de H. Bloom. Para eso están los que no tienen de qué escribir más que de otros en lugar de sí mismos.
Los cuatro cuentos que componen ésta selección fueron publicados, también, en diferentes revistas de género, como El Péndulo, Revista Minotauro, Parsec y otras, pero ganan fuerza, expresividad y se contextualizan mejor los unos a los otros cuando se los lee de corrido en un volumen.
Con esos personajes acomplejados, atormentados, minúsculos, a los que nos acostumbró Levrero en casi todas sus obras, búsquedas inconclusas, imágenes superlativas que se suceden como espejos rotos y un galimatías expresivo, nos hundimos en las historias que nos llevan, junto con estos mismos seres, en direcciones impensadas. Historias que comienzan en un sentido y obtienen otros párrafo tras párrafo, de un capítulo a otro, o de un mundo a otro, como si el azar fuera la única ley (y a veces lo es), y ninguna acción humana puede modificar.
Una búsqueda sin final, pero con un comienzo bien definido y un objetivo que se escapa de las manos a medida que nos acercamos a él, como si del horizonte se tratara. Una descripción minuciosa de una extraña casona abandonada en un barrio, visitada por seres aún más extraños. Una visión diferente del apocalipsis climático. Y una versión modelo realismo delirante de Moby Dick que nos deja con, muchas, ganas de continuar leyendo sin parar, un cuento más, una historia más, otro mundo, otra fantasía. Mucha sal para un agua que no es de mar, que tampoco sirve para beber, pero, en cierta forma, refresca.
Un libro breve, apenas 160 páginas, de la época en que Ediciones Minotauro apostaba por las ficciones elaboradas en esta parte del mundo y no formaba parte de un pulpo editorial que lo único que le interesa son los dividendos y suprimir toda posibilidad creativa que no sea la que ellos mismos proponen, aún cuando sus libros sean de pésima calidad o estén traducidos con programas en línea y sin necesidad de correctores que se den cuenta que muchas frases carecen de total sentido; ¿y por qué habría de interesarle estos detalles a una empresa cuya cultura es el beneficio económico y no el crecimiento intelectual?
Una época, los años ’80, de 1980, que quedó en el olvido y que el capitalismo neoliberal devoró, digirió y excretó hace tiempo en una mezcla de moda retro y vintage para nostálgicos que recuerdan cosas que nunca fueron, que les quieren hacer recordar y que, como no hay forma de comprobar qué hay de cierto en la publicidad, terminamos por aceptar y creer como si fuera parte del verdadero pasado.
Por suerte, la obra de Levrero comienza a ser revalorizada, con publicaciones y reediciones, tanto en uno de los pulpos editoriales que antes mencionáramos (pero otro, no el mismo), y por una pequeña editorial uruguaya que, a cuentagotas, pero eso es mucho mejor que nada, hace llegar sus libros también del otro la del Río de la Plata.

2 comentarios:

José A. García dijo...

No me pareció que quedara bien mencionar en medio del texto que éste libro en particular lo encontré, de casualidad, en una librería de usados de San Clemente del Tuyú a un precio irresistible.

Pero así fue.

Saludos y Suerte

J.

Rochitas dijo...

excelente tu reseña. Lo has dicho. Levreriana. Levrerianos.