Comentarios de esos libros raros, y no tanto, de mi biblioteca, acumulados durante años y años de errar por el submundo de las librerías.

Algunas pocas críticas de algunos libros. ¡Y ahora también revistas!

Todos los textos son mi autoría.

jueves 17 de noviembre de 2011

Invernáculo, de Brian Aldiss



Podríamos comenzar con una breve biografía del autor, mencionar que es inglés, que no escribe sólo ciencia ficción y que se opuso a la visión norteamericana predominante de la ciencia ficción creando un grupo de varios escritores del género (en su mayoría ingleses), con la llamada Nueva Ola; Que ha escrito mucho en su longeva vida y que algunos de sus libros son reinterpretaciones de clásicos de la literatura, como su Frankenstein Desencadenado o La otra isla del Doctor Moureau; y que es, junto con Stanley Kubrick, el responsable del guión, o del relato original que luego se convertiría en el guión de, la película Inteligencia Artificial.
Como siempre, de la vida de un autor en particular pueden decirse muchas cosas, pero se dice mucho más cuando se analizan sus obras. La que nos ocupa en éste caso es una novela publicada originalmente en 1962 y ganadora del premio Hugo, y nos relata cómo será el fin del mundo.
Eso mismo, cómo será el fin del mundo, no del hombre, no de la civilización occidental, no de las creencias que existían en el año en que fue escrita ésta obra. No, la visión del autor va más allá, a un futuro tan distante que no queda ni el menor rastro de lo que fue el homo sapiens, sólo unos descendientes adaptados a la vida salvaje del planeta en los tiempos en los que al sol le queda muy poco combustible para seguir brillando y su final está tan cercano que el calor su anaranjado resplandor lo inunda todo.
Invernáculo nos plantea un mundo que ha dejado de rotar sobre su eje, que sólo una de sus caras enfrenta a un sol moribundo y lo que el efecto invernadero ha causado con la flora y la fauna terrestre y marítima, todo un pionero Aldiss al momento de elegir el título del libro. En el extenso relato, 351 páginas en la edición de Minotauro, no se menciona en ningún momento qué es lo que ha sucedido en el mundo. Las plantas no recuerdan nada del pasado porque no son las mismas que coexistieron con el hombre; las escasas tribus de seres que se llaman a sí mismos hombres, no saben qué fue lo que sucedió, cómo llegaron a tener que vivir de ese modo, a dejar de ser la especie dominante para volverse un eslabón más de la cadena alimenticia.
Una historia sin héroes, sin nadie que podamos llamar villano, pero con personajes que por sus acciones se definen como tales, tanto de un bando, como del otro.
La historia comienza con una expedición de cacería, una muerte y el comienzo de un largo viaje de uno de los grupos de hombres desmembrado por los acontecimientos que se relatan en el primer capítulo.
Concluye de la misma exacta manera. No porque no haya sucedido nada en el medio, sino porque la historia, la verdadera historia de cuanto ocurre en ese planeta moribundo no la cuentan los personajes, ni el narrador en tercera persona que describe con lujos de detalles las especies que han evolucionado en ese mundo calcinado sino los detalles que ocurren en la periferia de los hechos, plantas muriendo, brotes surgiendo, el frío y el calor de un mundo estancado en su posición luchando entre sí.
Tal vez no se trate de un texto fácil para quien no esté acostumbrado al género. Pero tampoco se trata de un libro tan cerrado sobre sí mismo que nada de lo que allí se escribe pueda entenderse. Ni es, tampoco, un libro para iniciados. Es un libro para ejercitar el pensamiento lateral/literal y entender, de una buena vez, que el fin del mundo no depende de calendario alguno porque este existía mucho antes que ese invento del hombre, pero que la acción de la especie dominante puede, y en muchos casos es la única responsable, alterar el balance y la estructura de todo el mundo.

3 comentarios:

Esilleviana dijo...

“Obedeciendo a una ley inalienable, las cosas crecían, proliferaban, tumultuosas y extrañas.”

gracias por esta excelenta reseña; no conocía el libro de B. Aldiss.

un abrazo
:)

José A. García dijo...

Yo tampoco lo conocía, fue un feliz descubrimiento en una librería de saldos. La verdad es que la portada no ayuda mucho, pero el nombre del autor vende solo.

Por lo menos desde mi criterio.

Gracias por el comentario.

J.

Cobo dijo...

Parece muy interesante esta visión del "fin del mundo".

Genial la reseña, lo pongo en la lista de futuras lecturas.


Un saludo!