
No se trata de un libro fácil, siempre es difícil comenzar una crítica con una negación, porque es muy complicado rebatirla. Así y todo, la teoría presentada en éste caso por el historiador francés, podría sintetizarse en muchas menos páginas y no perdería su impacto y, en ocasiones, la perplejidad que causan ciertos tramos de la lectura del mismo.
La tesis la plantea desde el título. Y a lo largo de las 425 páginas demuestra su gran erudición sobre temas europeos, un poco menos quizá sobre temas americanos al hablar de la debacle demográfica de los pueblos del continente luego de su encuentro con los españoles, y un total desconocimiento sobre temas relacionados con Asia y África.
Si bien las ideas planteadas en los primeros capítulos pueden resultar interesantes, sobre la concepción del tiempo en las diferentes sociedades de la antigüedad y la modernidad, no puede dejar de lado en ningún momento su condición de francés, católico convertido desde el protestantismo y, por último, de hombre blanco occidental, recurriendo por momentos a ciertas frases que en cualquier otro contexto sonarían, como mínimo, racistas.
Por esta misma condición encontramos varias veces en el texto la explicación al triunfo de Europa del Norte sobre el resto del mundo ya que poseían una religión monoteísta, una concepción del tiempo lineal y una tecnología superior (heredara de la antigüedad o tomada de otros sitios, como China, pero esto no viene al caso). Y las razones del fracaso de las civilizaciones antiguas, como Roma, Persia, el Islam, o los pueblos americanos, son precisamente, las antes mencionadas (salvando la diferencia de que el Islam es monoteísta y gran parte de los conocimientos retomados por Europa durante el renacimiento fueron conservados por traductores islámicos y/o árabes y no sólo por las grandes bibliotecas de Bizancio, pero esto tampoco viene al caso).
Plantear que ante el choque bacteriológico subsiguiente al encuentro entre América (un mundo aislado, con otros climas, otros modos, otras concepciones) y la Europa más rancia e intolerante, los pueblos americanos desearon dejar de vivir, o directamente morirse sin más, luego de la conquista, lleva a pensar si este tipo de razonamientos no justifican la idea de la conquista atroz y salvaje del siglo XVI. Ideas como estas pueden resultar, para empezar, violentas para quienes conocen, mínimamente, las fuentes del período. Y siendo Chaunu un especialista en historia americana llama un poco mucho la atención.
Casi tanto como leer, en los últimos capítulos del libro, que el gran error de África, del continente en general, fue haberse apresurado a declarar su independencia de las potencias europeas luego de la segunda guerra civil europea (o segunda guerra mundial dependiendo del autor). En una larga reflexión, Chaunu postula que lo mejor para esos países habría sido mantenerse como colonias varias décadas más, hasta incorporar en sus sociedades todos los adelantos técnicos propuestos por los países colonialistas. De la lucha por la libertad, la igualdad y la fraternidad, de los pueblos africanos, nada se dice. Sólo se menciona su fracaso, tal vez por no ser blancos, franceses ni monoteístas.
Reconocer que no se sabe sobre un tema en particular, no lo hace cualquiera, a nadie le gusta demostrar su ignorancia, por eso, cuando Chuanu admite no conocer tanto sobre historia antigua, China, India o algún detalle en particular, el lector siente alguna simpatía por el autor. Pero, al descubrir, en el párrafo o en la página siguiente, que se está hablando de tema que se dice desconocer puede causar extrañeza, indignación o ganas de dejar la lectura cuando acotaciones de este estilo se repiten en la mayoría de los capítulos, y en ocasiones más de una vez en cada uno.
Más allá de los fallos que se le puedan encontrar hoy a un libro publicado originalmente en 1981 y cuya traducción española (y creo que única edición), es de 1983, no puede dejarse de admitir que la historia del concepto de la decadencia siempre resultará interesante para aquellas personas capaces de ver desde un ángulo un poco corrido del ideal, la realidad del mundo en el que nos toca vivir. No por nada los grandes intelectuales de todas las épocas siempre dirán que la suya es una época de derrotas y decadencias y que todo tiempo pasado, fue mejor.
La tesis la plantea desde el título. Y a lo largo de las 425 páginas demuestra su gran erudición sobre temas europeos, un poco menos quizá sobre temas americanos al hablar de la debacle demográfica de los pueblos del continente luego de su encuentro con los españoles, y un total desconocimiento sobre temas relacionados con Asia y África.
Si bien las ideas planteadas en los primeros capítulos pueden resultar interesantes, sobre la concepción del tiempo en las diferentes sociedades de la antigüedad y la modernidad, no puede dejar de lado en ningún momento su condición de francés, católico convertido desde el protestantismo y, por último, de hombre blanco occidental, recurriendo por momentos a ciertas frases que en cualquier otro contexto sonarían, como mínimo, racistas.
Por esta misma condición encontramos varias veces en el texto la explicación al triunfo de Europa del Norte sobre el resto del mundo ya que poseían una religión monoteísta, una concepción del tiempo lineal y una tecnología superior (heredara de la antigüedad o tomada de otros sitios, como China, pero esto no viene al caso). Y las razones del fracaso de las civilizaciones antiguas, como Roma, Persia, el Islam, o los pueblos americanos, son precisamente, las antes mencionadas (salvando la diferencia de que el Islam es monoteísta y gran parte de los conocimientos retomados por Europa durante el renacimiento fueron conservados por traductores islámicos y/o árabes y no sólo por las grandes bibliotecas de Bizancio, pero esto tampoco viene al caso).
Plantear que ante el choque bacteriológico subsiguiente al encuentro entre América (un mundo aislado, con otros climas, otros modos, otras concepciones) y la Europa más rancia e intolerante, los pueblos americanos desearon dejar de vivir, o directamente morirse sin más, luego de la conquista, lleva a pensar si este tipo de razonamientos no justifican la idea de la conquista atroz y salvaje del siglo XVI. Ideas como estas pueden resultar, para empezar, violentas para quienes conocen, mínimamente, las fuentes del período. Y siendo Chaunu un especialista en historia americana llama un poco mucho la atención.
Casi tanto como leer, en los últimos capítulos del libro, que el gran error de África, del continente en general, fue haberse apresurado a declarar su independencia de las potencias europeas luego de la segunda guerra civil europea (o segunda guerra mundial dependiendo del autor). En una larga reflexión, Chaunu postula que lo mejor para esos países habría sido mantenerse como colonias varias décadas más, hasta incorporar en sus sociedades todos los adelantos técnicos propuestos por los países colonialistas. De la lucha por la libertad, la igualdad y la fraternidad, de los pueblos africanos, nada se dice. Sólo se menciona su fracaso, tal vez por no ser blancos, franceses ni monoteístas.
Reconocer que no se sabe sobre un tema en particular, no lo hace cualquiera, a nadie le gusta demostrar su ignorancia, por eso, cuando Chuanu admite no conocer tanto sobre historia antigua, China, India o algún detalle en particular, el lector siente alguna simpatía por el autor. Pero, al descubrir, en el párrafo o en la página siguiente, que se está hablando de tema que se dice desconocer puede causar extrañeza, indignación o ganas de dejar la lectura cuando acotaciones de este estilo se repiten en la mayoría de los capítulos, y en ocasiones más de una vez en cada uno.
Más allá de los fallos que se le puedan encontrar hoy a un libro publicado originalmente en 1981 y cuya traducción española (y creo que única edición), es de 1983, no puede dejarse de admitir que la historia del concepto de la decadencia siempre resultará interesante para aquellas personas capaces de ver desde un ángulo un poco corrido del ideal, la realidad del mundo en el que nos toca vivir. No por nada los grandes intelectuales de todas las épocas siempre dirán que la suya es una época de derrotas y decadencias y que todo tiempo pasado, fue mejor.

1 comentarios:
Por una de esas casualidades del universo, terminé de leer éste libro el mismo día que cumplía el segundo aniversario de la muerte del autor, el 22 de octubre.
Cosas que, a veces, pasan.
Saludos
J.
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