Escribir sobre Liborio Justo parece ser una tarea sumamente fácil. ¿Por qué? Porque es suficiente con decir que vivió 101 años, que fue el hijo de un militar que tomó el poder en Argentina en 1930, que era marxista y trotskista, que fue el único que le hizo frente al embajador norteamericano en su visita al país, que vivió en ee.uu durante la crisis de la década de 1930 y tomó muchas fotografías, y un sinfín de anécdotas más que no son otra cosa que eso, anécdotas que no hacen a su pensamiento, que, en definitiva no conducen a nada.Su personalidad, su forma de pensar, su accionar intelectual, lo encontramos en otra parte. En sus viajes y trabajos en los yerbales, si, porque son íconos importantes en su longeva vida. Pero también en sus textos. Y son esos textos los que hoy (2010), a siete años de su muerte, nadie recuerda, nadie parece saber quién fue ese hijo de un represor que se atrevió a hacerle frente a su padre, al poder del estado y al trabajo inhumano de las plantaciones paraguayas (algo que Rafael Barrett había descripto brillantemente en sus notas periodísticas de la década de 1910).
Pero la pregunta debería ser más profunda, no se trataría de saber quién lee hoy a Liborio Justo, sino quién, simplemente, lee, lo que sea, sin importar el autor, el año de edición o el género. ¿Quién lee? A esa pregunta no sé qué responder.
En ‘’Prontuario, una autobiografía’’, Liborio nos cuenta que acaba de cumplir los 50 y cree que su vida está llegando a su fin; y, con una prosa ágil, directa, llana, fácil de leer y, lo más importante de todo, entendible, nos relata sus aventuras, sus viajes, sus ideas, sus lecturas (algo más que interesante). Nos enteramos de muchas cosas, de las cosas que él quiso dejar por escrito si, y de sus omisiones también. Pero ¿no se compone de la misma forma todo diario personal? ¿Diciendo poco y callando mucho?
Son cincuenta años de historia argentina, de idas y vueltas de la política, de la sociedad, de la economía, de un país que nunca supo cómo serlo, al que todas las ideas de las impusieron de afuera. Todas.
Sus experiencias, sus viajes, le llevaron al campo literario, donde compuso una serie de relatos ambientados en el sur del continente, en la Patagonia, la tierra del frío y el hielo. Esos cuentos, firmados con seudónimo, ganadores de varios concursos literarios y cuya primera edición se agotó, son una faceta más de la personalidad de Liborio. Una faceta que, como le sucediera a Jan Valtin, no sería bien vista por sus compañeros de ideología; una faceta que, sin embargo nunca lo abandonaría, por suerte para quienes podemos leerlo.
‘’La tierra maldita. Relatos de la Patagonia salvaje’’, segunda parte de este volumen, recopila esos relatos de sus viajes al sur, 12 cuentos que nos llevan a recorrer esas tierras lejanas, inhóspitas y con más de legendarias que de real y que, cambio climático y acción contaminante del hombre mediante, corren hacia su inevitable desaparición.
El libro fue editado poco antes de la muerte de Liborio, y saldado poco después, cuando, al parecer, se hacía evidente que los pocos interesados ya habían adquirido su copia. Una pena, porque estos textos, más allá de la ideología de su autor (con la que se puede o no estar de acuerdo), valen la pena leerse.
Hace tiempo que no se lo ve en librerías de saldos, pero quizá pueda encontrarse usado, u olvidado, en algún lugar.

1 comentarios:
o en mesas de saldos, ahí sobran cosas interesantes.
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